Twilight Saga Vampiros – Capítulo 5: El Talismán
Capítulo 5: El Talismán
Mi corazón estaba a punto de estallar con tanto entusiasmo. No quería esperar ni un minuto más para irme en búsqueda del talismán, pues sabía que en última instancia éste me llevaría a encontrar a Nessie. Por primera vez en varios días, yo sabía con certeza que había encontrado el tendón de Aquiles de la híbrida.
Una vez teniendo el talismán en mi poder, la híbrida de seguro se vería obligada a decirme dónde encontrar a Nessie.
Ahora sólo quedaba una inquietante posibilidad por la cual preocuparme. La posibilidad de que me quedaba poco tiempo. Y si no me apresuraba, sería demasiado tarde. Me rehusaba a creer lo que la híbrida había dicho de mi Nessie. Que había sido ella quien había invocado a la híbrida por su propia voluntad para que la convirtiera en una vampira completa.
Sólo la mera idea de que esto pudiera suceder me erizaba toda la piel y colgaba de mi cuello como el Albatros del anciano marinero, agobiándome con horribles visiones de Nessie bebiendo sangre humana, sus ojos rojos escarlata, y sus labios empapados y goteando con la evidencia de su crimen.
Sam y el resto de la manada jamás lo tolerarían. Nessie convertida en una sanguijuela en toda su plenitud y con apetito por sangre humana. Si tal tragedia fuera a suceder, el antiguo tratado de paz entre los Cullen y los Quileutes sería anulado.
Sobre todo ahora, con el destino de Edward tan incierto, los Cullen se verían obligados a prolongar su estadía en la reservación. Y si Nessie mataba a algún humano en territorios del tratado, entonces una guerra sería inevitable. Yo me encontraría en medio de ella. Obligado a escoger bando. Mis lealtades divididas, forzándome a elegir entre defender a la chica que amaba y cumplir la obligación de proteger a mi pueblo.
Claramente, el fracaso no era opción para mí. El precio sería demasiado alto, y yo no estaba dispuesto a pagarlo. Ese talismán tenía que ser mío a costa de lo que fuera, incluso si eso significaba tener que ir hasta el fin del mundo para encontrarlo.
Sólo tenía que asegurarme de lograrlo antes que Nessie fuera a cometer el peor error de toda su existencia. Tenía que robarle el talismán a la híbrida antes que ésta pudiera transformar a Nessie en una vampira completa, y sólo había una forma de hacerlo.
Tomé al Anciano Quil por el brazo para ayudarlo a levantarse de la escalera, pero él se echó a reír mientras negaba con la cabeza y agitaba su mano en gesto de rechazo.
—¡Suéltame, muchacho!—me dijo con una sonrisa benevolente a la vez que se tomaba su tiempo para levantarse sin asistencia. —Sólo porque soy el más anciano de todos, eso no significa que necesito que me cuiden. Anda, vete para adentro—. Hizo una breve pausa mientras afirmaba bien sus pies en el suelo e inspeccionaba sus alrededores. Entonces añadió: —El amanecer se acerca.
No me agradaba del todo la forma en que había bajado la voz al decir esa última frase. Su tono acarreaba un sonido cauteloso que yo había detectado de inmediato. Por la forma en que sus ojos observaban los árboles, pude darme cuenta de que en verdad había algo ahí afuera, acechando. No era que yo estaba siendo paranoico o algo por el estilo. Era bastante obvio para mí que el Anciano Quil también se había percatado de lo mismo.
—¿Qué pasa, Anciano Quil?—le pregunté sólo para comprobar mis sospechas.
Mas en vez de responder a mi pregunta, dejó escapar un silbido agudo que yo conocía muy bien. Nuestros antepasados los lobos nos lo habían enseñado para que pudiéramos alertar a la manada aun cuando estuviéramos en forma humana y no tuviéramos la capacidad de comunicarnos telepáticamente. Cada uno de nosotros podía oír el silbido a kilómetros de distancia, no importa cuán dispersos estuviéramos. Nuestra gente lo utilizaba sólo en momentos de emergencia, y su propósito era congregar a la manada.
—Iré a traer a Sam—le dije mientras me disponía a abrir la puerta.
Mas justo en ese momento, la puerta se abrió, y Bella salió seguida de Sam, quien todavía llevaba los ojos vendados. Al parecer, Sam no tenía problema alguno para moverse, lo cuál significaba que podía ver perfectamente aún con la venda puesta.
Conforme los dos iban saliendo, alcancé a dar un breve vistazo dentro de la sala y me dí cuenta de que el Dr. Cullen había tomado el lugar de Sam en el círculo. Luego, poco antes de que Sam cerrara la puerta, pude notar la expresión en las caras de los demás. Sin duda que todos habían escuchado el silbato de alarma del Anciano Quil y ahora se encontraban visiblemente alterados por ello, sobre todo Seth y Leah.
Observé que ambos estaban ansiosos por salir afuera, pero, a menos que alguien tomara sus lugares en el círculo, ellos iban a tener que permanecer allí para proteger a Alice. Después que la puerta principal se cerró de un portazo, yo aún podía oír la conmoción adentro. Sus voces hablaban todas juntas, y yo apenas podía distinguir lo que cada quién estaba diciendo. Entonces mis mecanismos de defensa me obligaron a desconectarme de ellos por completo.
—Jake, tenemos que hablar ahora mismo—exigió Bella, observando a los lobos que ya comenzaban a reunirse alrededor de la casa.
Titubeando, le respondí: —Pero, Bells, hay algo que anda merodeando ahí fuera. Tenemos que ir a patrullar la zona.
—¿Es que acaso no puede esperar para más tarde?—preguntó Sam sin poder ocultar su impaciencia.
—¡No! Es urgente—replicó ella en un tono golpeado. Luego me tomó de la mano y se acercó para susurrarme en el oído, —¿Ya te olvidaste de Edward?
Sam tenía oídos super-sensibles al igual que yo, por lo cual no me cabía duda que había alcanzado a escuchar lo que Bella acababa de decirme. Mas, a pesar de eso, no se dió por entendido y me preguntó: —Jake, ¿vienes con nosotros o qué?
Miré a Bella brevemente, y la angustia en su cara realmente me conmovió. De ninguna manera iba a ser capaz de decirle que no. Fue entonces que me di cuenta de lo profunda que era la conección entre ella y yo. Literalmente podía sentir su dolor, aunque al mismo tiempo también odiaba tener que defraudar a la manada. Fue por eso que sencillamente permanecí allí sin moverme, considerando mis opciones por un segundo.
Luego, cuando finalmente me había preparado para decir algo, el Anciano Quil se me adelantó. —Estoy seguro de que los muchachos pueden valerse perfectamente bien sin Jacob—le dijo a Sam.
Esto fue suficiente para aplacar a Sam. El Anciano Quil representaba todo lo que Sam quería ser algún día. Hasta donde yo podía recordar, el Anciano Quil había sido el mentor de Sam. Su maestro, su inspiración, su ídolo. Sam lo había puesto en un pedestal desde el día en que descubrió que las leyendas acerca de nuestros antepasados los lobos eran historias verdaderas.
—No hay ningún problema—murmuró Sam con un dejo de amargura en su voz. —Nosotros nos encargaremos de todo—. Bajando la mirada, inclinó su cabeza en son de reverencia hacia el Anciano Quil y luego se marchó con el rabo entre las piernas para unirse a la manada.
Eso fue todo al menos por ahora. Mas yo estaba seguro de que Sam me lo iba a reclamar después, sobre todo porque Paul también la tenía contra mí. Sin duda que tarde o temprano ambos conspirarían en mi contra, pero a estas alturas yo no podía permitirme el lujo de preocuparme por eso. Sería mejor enfrentar la situación cuando llegara el momento.
Bella apretó la mano del Anciano Quil, forzando la sonrisa más triste que yo había visto en mucho tiempo. —Gracias, Anciano Quil. Es usted muy amable.
Sonriendo con satisfacción, el Anciano Quil respondió: —Todos estamos juntos en esto, pequeña—. Entonces se fue para adentro y me dejó solo con Bella en el porche.
—Aquí tienes—Bella dijo, entregándome las llaves del coche que ella y Edward habían rentado en Port Angeles.
Tan pronto como vi la etiqueta en el llavero, me quedé boquiabierto. —Un Bentley GTC, ¿eh?—. Los autos deportivos exóticos eran mi debilidad, especialmente los convertibles. En ese instante, soñé despierto y me vi conduciendo a más de 200 kilómetros por hora, dejando atrás a los carros de policía, y yendo hasta el fín del mundo a encontrar a Nessie.
Si tan sólo Bella me hubiera dado la oportunidad de disfrutar un segundo más de mi fantasía. Lo que me dijo enseguida por poco me hizo vomitar encima de las llaves. —Tenemos que ir a buscar un cadáver humano fresco, Jake.
Examiné, o más bien, escudriñé su rostro, esperando a que soltara una carcajada y me confesara que todo había sido una broma. Mas la confesión nunca llegó.
Bella estaba hablando en serio. —Necesitamos sangre humana fresca para la transfusión.
Lo único que se me ocurrió hacer en ese momento fue rascarme la cabeza. —Pero espera, ¿por qué tiene que ser sangre humana? ¿Esque acaso no podemos ir a buscarle un lince en algún lugar? ¿O tal vez un oso?
—Carlisle dice que tiene que ser sangre humana—. Acercándose a mí, Bella inhaló mi aroma deliberadamente y murmuró: —Sangre humana fresca, Jake.
No me había dado cuenta de lo sedienta que ella estaba hasta ahora. Mientras que antes era sólo una sospecha que yo tenía, ahora estaba completamente seguro de que esta era la razón por la que ella no había estado cazando. La sangre animal simplemente no era suficiente para ella. Su cuerpo de vampiro le exigía la satisfacción genuina, y me daba la impresión que su auto-control se estaba agotando.
—Está bien—suspiré con resignación. —Sangre humana será—. Tuve que darme por vencido a pesar de que tenía una gran prisa por ir en busca del talismán. Al fin y al cabo, de nada me serviría encontrar a Nessie si sólo la iba a traer de regreso para encontrar a su padre muerto.
—Bien—comenzó Bella, y antes que yo pudiera parpadear, procedió a informarme sobre los detalles de su plan. —Rose nos dirá cómo llegar al lugar. Sólo tienes que dejarnos allí, y te llamaremos cuando estemos listas para cargar el cuerpo en el baúl del auto.
—¡Cielos, Bells! Espera, detente por un segundo.
—¡No hay tiempo que perder! ¡Tenemos que irnos ya mismo!—respondió con su voz temblando.
—¿Exactamente dónde es que está ese lugar al que nos piensa llevar Rose?—tuve que preguntar.
Su lenguaje corporal la traicionó antes que tan siquiera pudiese darme una explicación. Y, por la forma en que sus ojos brillaban, noté que ella ya sabía de antemano que no me iba a agradar su respuesta. —Eso no debe de importarte a tí, Jake—me contestó a la defensiva. —Lo único que te estoy pidiendo es que nos lleves allí. Rose ya hizo arreglos por teléfono, y nos están esperando. Tenemos que darnos prisa.
—Vamos, Bella, ya sé que piensas que soy un tarado, pero no necesito ser Albert Einstein para saber lo que ustedes están tramando.
Llena de frustración, Bella rodó los ojos hacia arriba como si yo fuera la persona más estúpida que conocía. —¿Ah, sí? ¿Y qué es lo que piensas que vamos a hacer?
—Van a ir a contratar un vendedor del mercado negro. Muy conveniente, lo sé. Le pagas un precio exorbitante a un tipo, y él hace el trabajo sucio por ti. Así ningún Cullen tiene que mancharse las manos, pero tal parece que se te olvida que aun así están comprando una víctima recién asesinada.
Al oír esto, Bella se burló de mí. —Has tenido una noche muy larga, Jake. Vete a descansar. Yo le pediré a Emmett que nos lleve.
—¡No!—declaré con firmeza al tiempo que golpeaba mi pie fuertemente contra el suelo de madera. —Tiene que haber una mejor manera que no implique matar seres humanos. No importa si se hace directa o indirectamente. ¡De todos modos es un asesinato, Bella!
Una sola mirada fue suficiente para demostrarme que mis palabras le habían entrado por un oído y salido por el otro. Nada de lo que yo pudiera decir o hacer iba a penetrar la barrera defensiva que me había puesto. Esto lo sabía tan bien como ella, y sin embargo, aquí nos encontrábamos de nuevo, discutiendo inútilmente en círculos y sin llegar a ningún lado.
Abriendo la palma de su mano, Bella me pidió: —Dame las llaves.
—No puedo permitir que hagas esto, Bells, lo siento—. No era que me estaba volviendo suave o nada por el estilo, pero de alguna manera lo que acababa de decir había sonado como un humilde ruego. —Tú eres mi mejor amiga—, añadí, prácticamente suplicando para tratar de esquivar un enfrentamiento que ya parecía inevitable.
El hecho que me rehusara la enojó tanto que comenzó a humear como un horno. —¡He dicho que me entregues las llaves!—insistió con su mandíbula apretada en gesto de amenaza.
Su intento de intimidarme me hacía reír por dentro, pero aun así me las arreglé para aparentar seriedad, ya que sabía que si me reía, Bella estallaría de furia. Mi rostro inflexible, negué con la cabeza y escondí las llaves detrás de mi espalda. —Sobre mi cadáver—le respondí sin vacilar.
Mas, para entonces, ya Bella estaba en posición de ataque, así que peló sus dientes y gruñó mientras se abalanzaba sobre mí. No la había visto tan enojada desde el día en que había tratado de despedazarme la garganta por darle a Renesmee el mismo apodo del monstruo del Loch Ness.
—Hey, espera, te vas a arruinar tu lindo vestido—le advertí en tono burlón.
Pero su vestido no parecía importarle en lo más mínimo. Para el tiempo que pude reaccionar, ya me había empujado volando por las escaleras del porche, y los dos habíamos salido rodando por el suelo, luchando por las llaves. Yo estaba seguro de que ella jamás me haría daño, no importa cuán ferozmente tratara de actuar. Es por eso que, en el momento que se me subió encima para tratar de inmovilizarme, no pude contenerme más y de repente solté la risa.
Bella no tomó esto con una actitud muy amable que digamos. Es más, se puede decir que no le agradó en lo más mínimo. Lo siguiente que supe fue que me había dejado viendo estrellas. Me dio una fuerte bofetada en la cara y ya estaba a punto de darme un puñetazo, cuando la distraje arrojando las llaves bien lejos hacia los arbustos.
—¡Jake, eres un idiota!—protestó.
Mientras tanto, me aproveché del segundo que le tomó seguir las llaves con los ojos para quitármela de encima. Sin embargo, al levantarme, sentí una punzada aguda en el brazo. Miré hacia abajo, buscando el lugar de donde provenía y me di cuenta de lo que la había causado. Me había cortado accidentalmente, y ahora mi brazo estaba sangrando.
Yo sabía que sólo tomaría un breve instante para que mi herida sanara, pero aun así escondí mi brazo rápidamente para prevenir que Bella detectara el olor de mi sangre.
Mas no fui tan afortunado. Con lo voraz que ella se encontraba en ese momento, el aroma de mi sangre humana sería lo primero en el mundo que su super-olfato localizaría. Olvidándose de las llaves, se volvió a mirarme, y sus ojos penetraron los míos. Entonces jadeó en voz baja, casi con desesperación, y yo di un paso atrás, incapaz de despegar mis ojos de los suyos.
—No te acerques, Bella—le advertí, sintiendo que todos los músculos de mi cuerpo se ponían tensos.
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